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lunes, 3 de mayo de 2010

El lapicero en el bolsillo de la camisa de mi maestro.

Mi estancia en el desierto de Ica, fue durante el año 2007, por el tiempo de casi un año.

En este retirado lugar, mis mañanas estaban acompañadas de bellos momentos en medio de cerros silenciosos, por las sombras de los Huarangos, que en combinación con el viento, ofrecen sonidos que relajan los huesos, junto a la espera del río, que esta seco casi todo el año, pero, (casi todos los febreros), trae al agua, al "Dios de chocolate", que tanto emociona a todos los habitantes de este paraje, y es también la emoción y el alivio de muchas plantas, árboles y animales, hasta las piedras parecen mas felices, todo cambia de color como hecho por la mano de algún mago, los restos cerámicos en los suelos, que me devolvieron las ganas de pintar, los alimentos sanos que bota esta tierra poderosa, donde el hombre "afortunadamente", no llego muy seguido, y el trabajo en el campo, que es siempre fuerte, pero recompensante para el cuerpo que esta a la espera de los ejercicios, todo esto en un solo instante.

Después de un placentero día en medio de este todo completo, me acercaba al lugar donde Alberto Benavides siempre se sentaba a leer o a escribir, nunca supe si era su habitación o su biblioteca personal, lo cual no era lo importante, porque siempre estaba latente algún tema interesante, algo relacionado a la sorpresa de cada día en este lugar, donde todo se descubre otra vez, sintiendo el origen de las cosas, se podía aprender de política, pero desde un ángulo libre, central, y por lo tanto descongestionado, o podían brotar ideas nuevas en espíritus antiguos, como son los escritores de todos los tiempos, que nunca dejaran de sorprender con esas luces en las palabras, útiles en cualquier época, y las conversaciones podían durar muchas horas, excepto cuando éramos interrumpidos por la gran campana, que anunciaba la hora de la cena, y siendo sinceros, a mi me emocionaba mucho. El siempre tenia algún tema vigente, algo que te comentaba y resultaba ser mas profundo de lo que podías pensar, Alberto se ha dedicado a leer durante toda su vida y a viajado mucho, y viajar para mi es tan parecido como leer, es como tener el libro abierto en el paisaje y poder darles la mano a los personajes de tu historia, viajando te das cuenta que todo es mucho mas grande de lo que pensabas, y la India, Europa y muchas visitas por America, estaban en su educación, yo lo conocí mayor de 50 años, por lo tanto conocí a un señor, pero su espíritu estaba regado por la juventud, y creo que continua así aunque se vista como señor, llevo en mi memoria el lapicero de su abuelo que siempre estaba en el bolsillo de su camisa, para mi un símbolo que todo el tiempo me hacia recordar su vocación de profesor, sus ganas de enseñar, su esfuerzo por demostrar que la educación podía liberar a los peruanos de la pobreza, y que la higiene en las ciudades se puede lograr a través de la higiene de las mentes, y mas maravillas con las que yo estaba de acuerdo, para Alberto su lapicero era primal, muchas veces hacia largas caminatas, y en el camino se podía cruzar con alguna flor, un árbol, un animal pequeño e incluso alguna piedra especial, y la idea mas hermosa podía aparecer en su cabeza, entonces agarra el papel que cubre sus cigarrillos, lo abre y de su bolsillo cual si fuera barita mágica, saca la única herramienta que nunca le falla, "el lapicero de su abuelo".

Alguna vez Alberto realizo uno de sus clásicos viajes a Cajamarca, en el camino el autobús donde viajaban fue detenido por unos delincuentes, Alberto y su amigo no tuvieron otra idea que tirar las billeteras debajo los asientos sin que nadie se de cuenta, los delincuentes pidieron de manera forzada que todos bajaran del vehiculo, y así lo hizo la gente, luego uno por uno, los ladrones fueron revisando los bolsillos de cada persona, lo mismo sucedió con Alberto, el hombre encapuchado reviso cada bolsillo, pero Alberto había tirado la billetera debajo del asiento igual que su amigo, el encapuchado vio el lapicero en su bolsillo, lo agarro y lo empezó a mirar, he aquí, el lapicero mas especial de Alberto, un lapicero que tiene muchísimos años, que a pesar de que tiene partes de oro y que puede costar bastante, para Alberto su valor era sentimental, era la herramienta que nunca le fallaba, ya que con los televisores, las radios y las computadoras, no sabemos porque siempre tiene problemas, se le apagan, no prenden o fallan, cuantas veces hemos decidido que otra persona prenda el equipo en su lugar, para que si prenda, pero su lapicero nunca le fallo; y ahora estaba en las manos del dueño de lo ajeno, no se cual seria el concepto de la calidad para este ladrón que tenia el lapicero en la mano, porque dijo: -otro misio de mierda- y le volvió a poner el lapicero en el bolsillo, de Alberto, y luego de terminar de revisar a todas las personas, los ladrones se fueron.

Esta historia me la contó regresando de su viaje, el efectivamente, el lapicero seguía en su bolsillo, y todos reímos como siempre, que era algo que siempre estaba vigente, la gracia entre las palabras serias, Alberto siempre hablaba muy bien de la bicicleta, para el uno de los mejores inventos del mundo, por su practicidad y su sencillez, siempre podía felicitar a alguien que andaba en bicicleta o que no tenia celular, alguna vez estuvimos almorzando en el comedor, sentados en la mesa de cinco metros que se mando a hacer, con la intención de que todos almuercen juntos por igual, como en una comunidad, y salio el tema del celular, todos hablaban sobre celulares, cuando le pidieron su opinión, el dijo: -si de por si ya es malo tener celular, es peor andar hablando de el-.

A Alberto Benavides lo conocí en Huacachina, en el 2006, eran los años en que me dedicaba a los tejidos como un artesano, yo me encontraba tejiendo frente a la laguna, y vi a un señor que de manera muy sencilla se acerco emocionado por mi trabajo, era Alberto, me dijo que mi trabajo le parecía maravilloso, lo que me sorprendió de manera especial, y me ofreció el primer trueque que hicimos, cambiarle la correa que estaba tejiendo, por un ovillo de algodón de color marrón natural, para mi, toda una experiencia el algodón de color, pues aun no era convencional ver ese algodón, ahora puedes comprar ropa hecha con este material en varios lugares.

Después de eso me entere que el vivía en medio del desierto de Ica, y que llegar a su casa era muy difícil, un par de veces, fue posible ir en camioneta, pero los dueños del vehiculo querían siempre regresar rápido, entonces mi visita terminaba siendo tan solo por un educación, y mis deseos de poder pasar mas tiempo en este lugar, cada vez fueron mas fuertes.

viernes, 26 de marzo de 2010

Caminando.

"Caminando por el mundo, llegué a los desiertos, y encontré la paz en el sonido de su silencio, mi templo me enseñó a observar mi interior, y ahora muestro lo que expresan mis árboles, desde sus raíces, como un mensaje que viene desde abajo, de lo sagrado, que es la tierra."